lunes, agosto 11, 2003

La espera inevitable

Estoy sentado en mi escritorio, un poco aplastado por la espera; en el equipo suenan los acordes de los presos de Chacabuco, en las grabaciones clandestinas realizadas por Angel Parra.

Aplastado por la espera, pienso, igual que estos presos políticos que solamente tenían incertidumbre en su futuro. Lo mío no es tan dramático y desesperado como lo fue para ellos... no está en juego mi vida! Pero, nuevamente, si nos damos un par de vueltas, estoy cerrando un episodio, largo por lo demás, y abriendo un nuevo camino, y en el fondo también me juego la vida. Son las alternativas las que no son tan letales como lo fue para ellos.

Estoy pronto a comenzar a hacer mi memoria en la División el Teniente de Codelco, en Rancagua. Falta la resolución de la comisión sobre mi tema, duración del mismo y aceptación del profesor tutor. Pero las circunstancias han llevado a jefe de carrera a uno de los profesores menos predilectos del Departamento de Ingeniería Eléctrica.

Aparte de ser nuevo en el cargo que ahora ocupa, está poniendo en práctica reformas que pueden o no ser buenas y/o beneficiosas para el estudiante. El primer efecto de sus reformas consistió en un aumento importante de la duración de los trámites, además de un aumento del papeleo. Por ejemplo, antes, un estudiante para modificar su inscripción de ramos sólo debía presentar una solicitud, al tutor (en el tiempo en que los tutores existían) el cual aprobaba o no. Ahora además es necesario presentar junto con la solicitud un informe curricular.

Yo esperé (otra vez la maldita espera) dos dias antes de que me atendiera... Cuando me atendio me dio la lata por 20 minutos, antes de pedirme que a los formularios de inscripción de memoria les adjuntara un memo solicitando que pasaran a comisión, y que después los entregara a la secretaria.

Eso mismo pudo haberlo publicado el día antes, para que quienes teníamos listo el tema lo entregaramos inmediatamente. Pero, en palabras de unos compañeros, como los memoristas tenemos plazo hasta el 28/8, nos está tirando para la cola.

Entre lo que me dijo el jefe de carrera cuando estuve en su oficina, al tratar de entregarle los formularios de inscripción de la memoria, lo más importante para los futur@s memoristas de la carrera, digno de tenerse en cuenta, fue aquello de que iba a velar especialmente por aquellos profesores que teniendo obligaciones con proyectos no pueden cumplir con ellas. Por aquellos que tienen demasiados memoristas a su cargo y no alcanzan a desempeñarse adecuadamente con ninguno de ellos.

Algo de razón tienen sus palabras, pero llama la atención su preocupación por los profesores que no tienen memoristas, considerando que él mismo tiene solamente 2, mientras que otros colegas pasan la veintena. Futur@s memoristas, esto puede estar iniciando una era mafiosa en el DIE.

Vientos de cambio aparte, acaba de salir el sol y mi ánimo se positiviza. El futuro es un camino que se abre, y ansío recorrerlo. Ansío finalizar cuanto antes, y bien, esta etapa que iniciara hace varios años atrás. Sólo hay que esperar, esperar.

Resulta extraño no tener que ir a clases, estar en la universidad pero no tener que ir a clases, mientras que todos los otros compañeros van a clases, en una rutina que se me había hecho costumbre ya. Ahora estar en sala de espera es una lenta tortura, todo se ralentiza cuando quisiera velocidad. Es un estado de estática forzada, de marcha al ralentí, más aún considerando que no me he logrado desenchufar del ritmo del semestre pasado.

Vuelve a nublarse, pero las verdaderas nubes están en otra parte, donde sólo yo las percibo. Pensaba que era inmune, que me había logrado inmunizar ante estas manifestaciones grises. Que no había ya cabida para las lluvias internas, lluvias que fueron humedeciendo mi paisaje interno, preparándolo para la llegada de acontecimientos de gran importancia.

El terreno era fértil y las circunstancias cívicas, o las lineas de la vida, o los caminos que se cruzan, o simplemente el destino o la vida o las líneas magnéticas de la tierra, o extrañas configuraciones cosmoneogiroscópicas pusieron a mi lado (en realidad, casi) a Viviana. Y después, tal vez los mismos causantes de conocerla, me hicieron perderla, para buscarla. Esa es otra aventura, que contaré con detalles más adelante, tal vez, pero debo dejar sentado que una vez concluida esa aventura, digna de las epopeyas del Cantar de Mío Cid, fui feliz. Y soy feliz hace casi dos años; nubes de tristeza, grises, se ciernen sobre los campos amarillos de mis trigales, enfriando un poco mi euforia, espesando un poco la alegría.

Aún no encuentro la forma de pelear con estos nubarrones, pero estoy seguro que Viviana pondrá su hombro junto al mío, apoyando mi esfuerzo, como yo los de ella. Nuevas circunstancias se aproximan, abriendo un frente nuevo, un frente en el que tendremos que, valga la redundancia, enfrentar, esta nueva situación. Estaremos separados por tiempos mayores a los que hemos pasado separados antes, y al tener que estar yo off the grid, puede ser que se lentifiquen nuestras comunicaciones. Pero no hay mal que por bien no venga, ni mal que dure cien años, ni problema que no tenga solución; hay que aplicar el pensamiento lateral usado para deshacer el nudo gordiano.

Pienso que toda esta incertidumbre es a causa de no tener nada listo aún. Sólo hay que esperar (otra vez la espera). A medida que los acontecimientos se concreten y se vayan presentando, también se irá viendo el camino a seguir. Ya rota la inercia de la inactividad forzada, podré irme acelerando hacia una conclusión pronta del camino que aún recorro, dando inicio a los caminos que se abren. Podré decir, como Quilapayún, comienza la vida nueva. Pero cada vida nueva contiene vidas nuevas, así como esta futura vida nueva nacerá de una vida nueva... caminos que se abren, etapas que se cierran, nuevas geografías que se irán descubriendo, pasos nuevos. Caminos que se abren.